miércoles, 29 de septiembre de 2010

Tristeza, niebla, lágrimas y encuentros.

Primera tarde de Otoño. Una habitación. Un boli resbala de entre sus dedos y cae en la hoja junto con una lágrima. Ha vuelto a escribir su nombre, no se lo puede creer, otra vez.
Prefiere salir a dar una vuelta para despejarse y pensar en otras cosas, o al menos intentarlo.
Hay mucha niebla y la calle está vacía, de pronto, cree verle entre la niebla.
Ve sus ojos, su sonrisa, sus dientes perfectos y blancos. Es él, no lo duda, reconocería esos ojos fuera donde fuese. Pero de un momento a otro, la niebla parece moverse, sin más, y los ojos, la sonrisa, los dientes, él, desaparecen para irse con el latido de su corazón, sin previo aviso, así como él llegó a su vida, sin previo aviso.

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