Los días pasaban y cada vez había más líneas en aquel mapa ya roto. Él se había ido y ella estaba más sola que nunca. Estaban lejos, muy lejos. Kilómetros, tal vez millas. Pero sus corazones seguían unidos por las líneas que ella iba dibujando en aquel mapa que él le había regalado:
-Por cada línea que hagas, te querré un poco más, por muy lejos que esté.
Había más de cien líneas, tal vez las lágrimas que ella derramaba cada vez que se acordaba de él.

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